Año 2, Nº 2 (2023) · Dossier · pp. 45-50

De la racionalidad moderna a la racionalidad comunitaria

Álvarez Quispe, Julio

Formatos: PDF · pp. 45-50 Resumen y metadatos

De la racionalidad moderna a la racionalidad comunitaria

Julio Álvarez Quispe

El presente trabajo, inspirado en la obra del Maestro Juan José Bautista, esboza de manera breve el avisoramiento y/o emergencia de la racionalidad comunitaria de los pueblos originarios, como respuesta y alternativa a la racionalidad moderna que a todas luces ha provocado, y está provocando, una crisis planetaria, con incidencia no solo para la humanidad, sino para todo el mundo eco-simbiótico.

Community rationality, rationality of life. Racionalidad comunitaria, racionalidad de la vida.

The present work, inspired by the work of Maestro Juan José Bautista, briefly outlines the vigilance and/or emergence of the community rationality of the original peoples, as a response and alternative to the modern rationality that has clearly provoked, and is causing a planetary crisis, with incidence not only for humanity, but for the entire eco-symbiotic world.

Racionalidad moderna

El Maestro Juan José Bautista señaló que “la modernidad se precia de ser racional, y por ello se precia de ser el único estadio de la humanidad capaz de producir conocimiento verdadero, objetivo y universal” (Bautista, 2010: 29). Ciertamente, la modernidad ha producido un tipo de racionalidad entendida como cálculo racional, cuyo contenido es una estructura de valores, en sintonía con esa forma de dominio y explotación que conlleva la modernidad. Se lo denomina formalmente como el cálculo de las acciones racionales, porque encubre valores coloniales. En el marco de la racionalidad moderna, los individuos sociales y políticos desarrollan sus acciones objetivamente, en el marco de la existencia real y objetiva de una estructura de valores eurocéntricos y, por lo tanto, colonizados, a partir de los cuales se comprende el sentido de sus actos, cuando se presentan a sí mismos como racionales. No es que se enseñe solamente a ser colonizador o colonizado a la gente, en teoría, sino que es preciso que ésta estructura existe fácticamente en la realidad para que funcione el sistema de valores colonizador/colonizado, de tal modo que se reproduzca de manera indefinida, al estar permeada inseparablemente por medio de la ciencia y la filosofía, en la conciencia tanto del colonizador como del colonizado, cuya subjetividad proyectará esta racionalidad en su permanente interacción con la realidad. Bajo este escenario es que la modernidad, para poder desarrollarse, ha producido no sólo el ca-

pitalismo, sino sobre todo la sociedad moderna y dentro de ella al individuo moderno. Tanto la sociedad moderna como el capitalismo, necesita de la existencia de este tipo de individuo, con un tipo específico de racionalidad que se va a traducir en personas que calculan todo, de acuerdo a sus propios intereses y en función a su propio egoísmo. Este tipo de acción sobre la que se construye la racionalidad moderna, Juan José Bautista llamó, siguiendo a Hinkelammert, ‘cálculo del interés inmediato’. Es en este contexto, que denominamos realidad objetiva producida por la modernidad, donde el individuo moderno al tenerse a sí mismo como referente, actúa haciendo este tipo de cálculo, o sea, tomando en cuenta su criterio unilateral y egoísta, calculando si le va bien o le va mal, esto le permitirá deducir si la realidad está bien o está mal, de manera casi inmediata.

Este tipo de racionalidad contenido en un in-

dividuo calculador, dominador y explotador, incrustado o formateado ahora en la subjetividad del individuo moderno, hará propicio el funcionamiento de la modernidad , del capitalismo y de la

sociedad moderna de manera segura e incesan-

te; estas tres instancias requieren fervientemente de seres humanos con este tipo de conciencia para reproducir el capital y la mercancía en última instancia. En consecuencia, la legitimación de un individuo, calculador, egoísta, individualista, ególatra y enemistado con sus congéneres, será un paso fundamental en la consolidación de la racionalidad modernidad. Esta estructura valórica será implantada, como camisa de fuerza, en los diferentes campos de la sociedad mo-

derna, como la cultura, la economía, la política, etc., empezando por la educación, que será la encargada de socializar en todos los ámbitos de la vida, reproduciendo en cada uno de los países de la periferia, este tipo de racionalidad. Bajo este contexto, Juan José Bautista plantea la siguiente pregunta problematizadora: ¿Por qué este conocimiento que dice ser verdadero, objetivo y universal, está produciendo un conocimiento que no es capaz de explicar por qué es que la modernidad está produciendo tanta miseria, pobreza y mortandad a nivel mundial, pero no solo de la humanidad, sino también de la naturaleza? (Bautista, 2010: 29) Esto como producto de la racionalidad moderna, es decir, ¿por qué esta racionalidad se ha vuelto tan irracional? Ante esta gravísima situación, en la perspectiva del autor (Bautista, 2010), toca ahora hablar a los pueblos originarios que han sido víctimas de esta forma de pensar, por razones históricas, “desde estos pueblos, es que se puede y debe juzgar ética y críticamente las pretensiones racionales (…) porque lo que ha producido la modernidad, es lo contrario de lo que ella se propuso” (Bautista, 2010).

Avizorando la racionalidad comunitaria

Por todo lo dicho en el anterior acápite, urge avizorar otro tipo de lógica, otro tipo de racionalidad que trasunte trans-ontológicamente más allá de la modernidad “un mundo trans-moderno (…) y esto requiere no sólo una nueva forma de producir co-

nocimiento, sino también una nueva forma de producir la vida” (Bautista, 2010: 30). Una racionalidad que reconozca la dignidad de los sujetos no únicamente humanos, sino que contemple todos los ámbitos de la compleja red existencial de la vida,

abarcando desde la Pachamama (naturaleza) has-

ta el ámbito de los uywiris (espíritus criadores).

Estas reflexiones, tienen el influjo de devolvernos la confianza para pensar desde nuestro propio locus de enunciación y en nuestra propia lengua, en procura de incidir en un marco categorial desde nuestro horizonte histórico-cultural y cosmovisivo. Bajo estas condiciones emerge la categoría COMUNIDAD o COMUNITARIEDAD, como una luz que alumbra el camino para apuntalar otra lógica de pensamiento, otra racionalidad que tiene que ver con una categoría central en el modo de vida aymara , el JIWASA (nosotros) como la antítesis de del ego YO moderno. La categoría COMUNIDAD ha pasado por un proceso de re-significación y sentido propio; en la práctica cotidiana suele usarse de manera casi indistinta con el de AY LLU, aunque intrínsecamente no sean lo mismo. El ayllu no es, entonces, una mera organización, sino el modo-de-vivir en comunidad con todos aquellos que nos rodean y forman parte de la vida, por eso también se dice que estamos con-formados por todos aquellos que contiene la vida (…) Por eso es impensable, dentro de esta cosmovisión, la separación o enajenación entre hombre-naturaleza (Bautista, 2014: 146).

Está claro que, en Los Andes, la manera más apropiada para designar a la comunidad era el Ayllu, que es una casa cósmica andina, la red de la vida que forma parte de la complejidad PACHA, que aglutina a la dimensión humana, a la de los animales, de las plantas y fundamental-

mente de los uywiris (ámbito espiritual), donde

todo está unido con todo, generando una relación intersubjetiva e interdependiente, entre cada uno de sus miembros, buscando permanentemente el bien común, para producir y reproducir la VIDA. Bajo esta perspectiva, el concepto de producción ya no se reduce únicamente a la generación de mercancías, sino, más aún, produce también humanidad

cosmocéntrica ,

biocéntrica intersubjetiva y el bien común;

es esta virtud o racionalidad que permite a las comunidades indígenas la reproducción de su lógica productiva. En contracorriente al acontecer comunitario, en las sociedades modernas ocurre todo lo contrario. “Tanto el burgués como el obrero son productos no sólo del capitalismo, sino también de la modernidad” (Bautista, 2012: 113); en el entendido de que el burgués es el individuo histórico del capitalismo, el obrero del socialismo y ambos comparten el mismo fundamento de la sociedad moderna. Esto también explica por qué las revoluciones socialistas de la izquierda sindicalista no han prosperado en los países llamados “subdesarrollados”, donde pervive y resiste la esencia comunitaria todavía.

Sin embargo, la colonialidad del ser, saber y poder, han hecho creer al mundo que la sociedad moderna había sepultado toda forma de vida comunitaria y que la modernidad era el destino común e irrenunciable de toda la humanidad; empero, las llamas del comunitarismo se van reavivando cada vez con mayor intensidad, particularmente desde los pueblos andino-amazónicos y

afrodescendientes del Abya Yala , enviando

señales y respuestas elocuentes a los problemas que aquejan al mundo entero, que pone en peligro lo más preciado que tenemos: la vida.

En el actual escenario, cuando el propio primer mundo está empeñado en la búsqueda

de otros mundos posibles, la comunitarie-

dad intersubjetiva de la vida constituye una

alternativa potencial. Desde la propia crítica ecologista norteamericana de fines del siglo pasado, se reclamaba que “el universo es una comunión de sujetos, no una colección de objetos” (Berry, 1997: 108). Esto quiere decir que es meritorio trascender la sociedad moderna y por tanto el desarrollo de crecimiento hacia lo que Juan José Bautista denomina la “comunidad transmoderna” (2012: 115). Este planteamiento no pregona el retorno al estadio de la comunidad primitiva, la Comuna de París o al pasado comunitario de hace 500 años, sino al remozamiento y contextualización

de la comunidad abyayalense , con sus virtudes

comunitarias de producción y reproducción intersubjetiva de la vida cósmica, lo que significa generar relaciones humanas y no humanas a la usanza comunitaria, de tal modo que supere las viejas relaciones sociales que encarna la civilización desarrollista, a través de la racionalidad eurocéntrica.

La acepción trans-moderna se refiere al de-

curso no lineal de las comunidades, por cuanto éstas no nacieron con la modernidad occidental sino muchísimo antes, siendo así, atravesaron toda la historia de la modernidad en una situación de reclusión y negación; afortunadamente no fueron destruidas del todo.

Cuando se ve al mundo moderno desde estas otras concepciones de la vida y la naturaleza, la modernidad aparece literalmente como “irracional” cuando cosifica, objetualiza y mercantiliza lo que no se puede concebir ni tomar como objeto o mercancía enajenable. La devastación de la naturaleza y la constante acumulación de miseria a escala mundial es la consecuencia lógica de toda esta irracionalidad de la racionalidad moderna (Bautista, 2012: 117). Aquí vale la pena una aclaración. Puede ocurrir

que ponerse poncho, abarcas, luch’u , además pij-

char coca y luego creer que somos comunitarios,

cuando ese es todavía un tema superficial o de forma; de lo que se trata es de trabajar lo intrínseco: la subjetividad, la conciencia, la racionalidad, donde está el mundo cosmovisivo. Sin embargo, desde un lenguaje moderno, lo que acabamos

de decir puede aparecer como pachamamista

o hasta retrógrado; por eso necesitamos desaprender muchos conceptos que la modernidad ha acuñado para domesticarnos y reaprender las nuestras o aquellos conceptos que nos permitan avanzar en un sentido de emancipación, liberación y finalmente descolonización. De lo que se trata, entonces, es de reconstituir un sujeto comunitario; esto es, transitar de la modernidad a la comunidad de la vida, de la sociedad moderna al vivir bien. Implica transformar al individuo moderno que se caracteriza por ser calculador, egoísta, individualista, ególatra, egocéntrico, narcisista, a un perfil de su-

jeto con autoconciencia, Intersubjetividad, con práctica solidaria y recíproca que busca el bien común; un sujeto interdependiente y nosótrico, el Jiwasa (nosotros) , pero por sobre todas las cosas, que REIVINDICA Y AFIRMA LA VIDA.

Bibliografía

Bautista, J. (2010). Crítica de la razón boliviana,

elementos para una crítica de la subjetividad del

boliviano con conciencia colonial, moderna y la-

tino-americana . Rincón Ediciones. Bautista, J. (2012). Hacia la descolonización de las ciencias sociales . Rincón Ediciones. Bautista, R. (2014). La descolonización de

la

política.

Introducción

a

una

política

comunitaria. Plural y Agruco. Berry, T. y Thomas, C. (1997). Reconciliación

con la tierra, la nueva teología ecológica.

Cuatro Vientos.

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