Margarita
Ayrampu, 2023 | (2): 221
Margarita
María José Montezuma
Desde niña había sentido un apetito voraz. Doble sopa, tres o cuatro platos de arroz, cinco presas de pollo, seis chocolates de postre… y seguía con hambre. A la ferocidad de su mandíbula se le sumaban sus insaciables ganas por conocerlo todo: de dónde vienen los bebés, cómo se restan números de 3 cifras, por qué su padre se había mudado de casa y formado otra familia. Muchas noches las imaginaba en su pijama de pipas arropando a otra niña idéntica a ella, dándole un beso de buenas noches, dejándole el séptimo chocolate a escondidas de la mirada de su madre. Una tarde, algunos años después, tocó el
timbre un grupo de chicas que vendía galletitas con algún motivo filantrópico. Fue ahí donde se vieron por primera vez, eran exactamente iguales, de inmediato supieron que compartían algo más que un padre. Su madre salió a la puerta, compró algunos paquetes para despedir cuanto antes a las visitantes. Esa noche, a solas en su habitación, masticó aún con el asombro de quien se ve en el espejo por primera vez, la última galleta en forma de flor: pétalo a pétalo. No me quiere. Hasta que, con la última migaja, sintió que había aplacado su hambre de años de preguntas: me quiere.