Año 1, Nº 1 (2021) · Reseñas · pp. 247-250

Reseña de «Glaciares, cambio climático y desastres naturales. Ciencia y sociedad en el Perú», de Mark Carey

Salazar Tantaleán, José

Formatos: PDF · pp. 247-250 Resumen y metadatos

Carey, Mark. (2014). Glaciares, cambio climático y desastres naturales. Ciencia y sociedad en el Perú. Instituto Francés de Estudios Andinos e Instituto de Estudios Peruanos, 343 pp. ISBN: 978-9972-623-88-2

E l Instituto Francés de Estudios Andinos, junto

con el Instituto de Estudios Peruanos, publican la versión traducida por Jorge Bayona del libro realizado por el historiador Mark Carey, el cual fue publicado por la Oxford University Press en el 2010, bajo el título In the Shadow of Melting Glaciers: Climatic Change and Andean Society, trabajo que llevó al autor a ganar ese mismo el premio a mejor libro de historia ambiental latinoamericana. El libro está estructurado de la siguiente manera: consta del prólogo a la edición en español, una introducción, siete capítulos y, por último, las conclusiones. En cada capítulo, el lector podrá encontrarse con temas y problemas como la reconstrucción de una historia ambiental de la Cordillera Blanca, el Callejón de Huaylas y el valle del río Santa; las amenazas y desastres asociados al cambio climático reflejado en el retroceso y

José Salazar Tantalean

Universidad Nacional Mayor de San Marcos

derretimiento de los glaciares; las políticas de prevención de desastres llevadas a cabo por gobiernos autoritarios y democráticos durante la segunda mitad del siglo XX y los primeros años del siglo XXI a través de los científicos e ingenieros de la época; y la participación de los habitantes urbanos y rurales en la construcción social de la vulnerabilidad. Las amenazas naturales a las que está expuesto el Perú y sus habitantes no sólo están asociadas con terremotos, inundaciones, Fenómeno El Niño, erupciones volcánicas o Huaycos. Durante el siglo XIX y el siglo XX –el fin de la Pequeña Edad de Hielo, la cual significó un retroceso y disminución de los glaciares debido al proceso de calentamiento global– significó el surgimiento de un nuevo tipo de amenazas en nuestro territorio: los aluviones y avalanchas provocados por el desborde de lagunas glaciares y el

desprendimiento de hielo glaciar. Carey aborda de manera fenomenal este tema, el cual, según él, no solo se remonta al primer desastre ocurrido en Huaraz en 1941, sino que tiene precedentes en el siglo XVIII y XIX, siglos en los cuales también hubo este tipo de desastres. Antes de realizar un resumen de cada capítulo, rescatando los principales aportes y conclusiones del libro, es importante realizar un hincapié en tres puntos: el primero de ellos es un concepto trabajado y desarrollado por Carey, la economía del desastre. En varios capítulos asocia este concepto dentro del proceso histórico que investiga. Para él, la economía del desastre se refiere al uso de la catástrofe para promover y fortalecer una serie de intereses vinculados al desarrollo económico; este desarrollo puede darse como consecuencia tanto de los desastres como de los programas de prevención y pueden ser de propiedad de particulares o del Estado, planificados o no intencionados, neoliberales o de otro tipo (38) El segundo punto está vinculado al modo cómo fueron planeados los programas de prevención de desastres en zonas vulnerables a estas nuevas amenazas. Estos programas, influenciados por una idea de desarrollo económico a través del uso de los glaciares y la naturaleza como un recurso que puede generar proyectos hidroeléctricos, dotación de agua para los cultivos y el desarrollo del turismo, surgieron desde uno de los más fuertes desastres en la historia de Huaraz: el

aluvión de diciembre de 1941, el cual destruyó uno de los distritos más pudientes del departamento. El tercer punto alude al rescate de varias investigaciones sobre desastres que muestran a las poblaciones como actores pasivos en la construcción histórica de la vulnerabilidad. El autor demuestra, en este caso específico, que los pobladores de Huaraz se opusieron a dos planes importantes en la prevención de desastres: la prohibición de la reconstrucción de los pueblos en zonas de peligro y el reforzamiento de las zonas ribereñas mediante la construcción de muros de contención. Estos tres puntos, brevemente aquí descritos, son desarrollados en los siete capítulos que contiene el libro. El capítulo I, “El deshielo destruye una ciudad: Huaraz 1941”, inicia con la descripción detallada del desastre significativo en el departamento de Huaraz, el aluvión ocurrido el 13 de diciembre de 1941. Este desastre llama la atención de autoridades y científicos peruanos, los cuales comienzan una ardua investigación de las razones de dicho desastre, llegando a la conclusión de que el proceso de deglaciación traía como consecuencia el desarrollo de lagunas glaciares situadas en la zona elevada de Huaraz. La muerte de 5000 personas y la destrucción del distrito Centenario – distrito más importante de Huaraz – llevó al Estado a realizar programas de prevención consistentes en el drenaje de las lagunas glaciares catalogadas como peligrosas; la prohibición de reconstrucción urbana en zona de planicie pluviales y la construcción de muros

en Huaraz para encausar el río Quilcay. Las dos últimas medidas fueron rechazadas por la población por razones que el autor desarrolla en los siguientes capítulos. “Desorden georracial bajo las lagunas encantadas” es el título del capítulo II, en el cual detalla las explicaciones que los pobladores, tanto de zonas urbanas como rurales, comienzan a dar sobre las razones del desastre. Aquí el autor hace hincapié en el hecho de que el desastre derrumbó símbolos de posición social, riqueza y estatus. Después del desastre todos eran iguales. Ricos o pobres, todos solicitaban ayuda y comida. “El desastre expone a los sobrevivientes ricos a la misma vulnerabilidad y precarias condiciones que los pobres” (p. 91). Ante esta situación, las familias más importantes creían que reconstruir Huaraz implicaba retomar la autoridad urbana sobre lo rural, diferenciando las condiciones sociales. El tercer capítulo, “La ingeniería andina y la nacionalización del desastre”, se centra en un segundo desastre ocurrido en Huaraz. El 20 de octubre de 1950, otro aluvión destruyó la infraestructura ferroviaria y la -aún no terminada Central Hidroeléctrica Cañón del Pato. Lo resaltante de este capítulo es que el autor nos muestra cómo a partir de este desastre, el presidente Manuel Odría crea, en 1951, la Comisión de Control de Laguna de la Cordillera Blanca. Por primera vez una agencia estatal se dedicará a la investigación y prevención de desastres en la zona del valle del río Santa, motivado no sólo por la vulnerabilidad de las poblaciones, sino más bien

por razones políticas y económicas: una buena gestión del desastre le daría mayor aceptación popular y a su vez evitaría que estas amenazas no atenten el desarrollo económico del país. Desde aquel momento se realizaron una serie de investigaciones en torno a los glaciares y las lagunas generadas por el derretimiento de estos. Dentro de los objetivos de la comisión creada por Odría estaba el de inventariar las lagunas, identificar dónde se encuentran, desarrollar sistemas de clasificación determinando cuáles eran peligrosas y elaborar planes de ingeniería para drenar y contener las lagunas glaciares. En el capítulo IV, “Deglaciación y catástrofes andinas: retos y oportunidades hidroeléctricas”, el autor desarrolla el término “economía del desastre” mostrando cómo a partir de la creación de la Comisión de Control de Lagunas, se empiezan a fusionar la prevención de desastre y el desarrollo económico. La investigación en torno a las lagunas glaciares abrió una amplia gama de posibilidades tanto para el desarrollo de proyectos hidroeléctricos, proyectos de mejora en los sistemas de irrigación y el aumento del turismo. También muestra el debate existente entre aquellos que veían de mala manera el drenaje de las lagunas - ya que consideraban al agua como un recurso para el desarrollo económico - con aquellos que insistían en estos trabajos como la mejor manera se proteger tanto a los habitantes como la infraestructura estatal, “las autoridades estatales y los promotores del desarrollo hídrico lucharon por el control del agua” (p.157).

Respecto a la vulnerabilidad, un aporte importante de Mark Carey en el libro es mostrar que las poblaciones no siempre son actores pasivos en la construcción social de la vulnerabilidad. Muchos de ellos dependen de sus actos como de sus decisiones. En este sentido, el capítulo V, denominado “En busca del peligro: definiendo y defendiendo las zonas de peligro”, explica que los pobladores de Huaraz se opusieron en varias oportunidades a uno de los principales programas de prevención: la política de las zonas de peligro. Se intentó prohibir que los pobladores reconstruyan en zonas aluviónicas, idea que se venía proponiendo desde el primer aluvión ocurrido en 1941. Luego, en el terremoto de 1970 – el cual produjo una avalancha y sepultó la ciudad de Yungay – el presidente Juan Velazco Alvarado intentó llevar a cabo esta política introduciendo a su vez sus propios planes reformistas. Como en otras ocasiones, muchos pobladores se opusieron y esta política fracasó, tal es el caso que hasta en la actualidad observamos casas construidas en zonas ribereñas y zonas aluviónicas. El capítulo VI, “La narrativa de la desaparición de las torres de agua”, explica el proceso de cómo se construyó el discurso científico donde se situaba a los glaciares como fuentes de agua en proceso de desaparición. Esta ciencia generada, ayudó a la cuantificación de los recursos con fines del desarrollo económico. A partir de la década de 1980, los científicos no sólo se preocupaban por la mitigación de desastres, sino también por el desarrollo de reservorios de

agua, utilizando las lagunas como reservas de este recurso. Al controlar las lagunas, también se controlaba el agua y el flujo de éstas sobre el río Santa lo cual ayudaba a un incremento de la producción hidroeléctrica. El último capítulo, “El riesgo de los glaciares neoliberales”, explica el proceso de las reformas neoliberales que se llevaron a cabo durante el gobierno de Alberto Fujimori y cómo éstas reformas influyeron negativamente en la investigación de los glaciares y los riesgos a los que estaban expuestos las poblaciones aledañas. Con la privatización de la Central Hidroeléctrica del Cañón del Pato y el cierre de la Unidad de Glaciología y Recursos Hídricos de la Corporación del Santa, redujeron los programas de prevención de desastres en la Cordillera Blanca. Tal como señala el autor, la prevención se redujo, pero las amenazas aumentaron. La privatización de esta empresa significó un aumento del control de las lagunas de la mirada económica sobre éstas. Poco importaba para la empresa privada salvaguardar las poblaciones que se veían afectadas no solo por los aluviones y por las avalanchas, sino también por la reducción de estas fuentes de agua. El libro nos muestra que, frente a la naturaleza –impredecible e indomable– somos todavía pequeños. Tanto en la actualidad como en épocas anteriores sufrimos las consecuencias de nuestras decisiones y de las decisiones políticas de nuestros gobernantes.

← Volver a la ficha del artículo · Tabla del número