Año 1, Nº 1 (2021) · Dossier · pp. 76-87

«Dolor infinito»: del Presidio político a la Filosofía de Relación

Leopoldino Cavalcanti, Rodriggo

Formatos: PDF · pp. 76-87 Resumen y metadatos

“Dolor infinito”: del Presidio Político

a la Filosofía de Relación

Rodriggo Leopoldino Cavalcanti

Más allá de la denuncia, y junto con ella, El Presidio Político en Cuba expresa una ruptura. A partir del estudio del texto desde una perspectiva filosófica, se pretende demostrar los gérmenes de una “episteme de la relación” que alcanzará

un desenlace conceptual en el ensayo Nuestra

América , veinte años más tarde. En el Presidio … está ya la concepción del pensamiento que todo ve y opera en relación.

Palabras clave:

José Martí, epistemología, Presidio Político, nuestra América, descolonización.

Beyond the complaint, and together with it, The Political Prison in Cuba expresses a rupture. From the study of the text from a philosophical perspective, it is intended to demonstrate the germs of an “episteme of the relationship” that will reach a conceptual outcome in the essay Our America, twenty years later. In the Presidio ... there is already the conception of thought that sees everything and operates in relation. Jose Marti, epistemology, Political Prison, our America, decolonization.

E l texto que ahora se presenta pretende colaborar con el debate acerca de la episteme martiana. Más, propone para el debate ensayar que el contenido del propio pensamiento martiano está presupuesto en la realidad en que se origina e inserta, y que a partir de él se da un “modo” de conocer, creando una racionalidad que relaciona varios elementos existentes, y distintos, sin que sea posible distinguir de la ética como principio. Se tiene conocimiento que Martí fue exiliado en España, luego de estar un tiempo apresado en Cuba por su labor revolucionaria. En la metrópoli peninsular estudió Filosofía y se graduó, en 1874, por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Zaragoza. Sin embargo, no es nuestra intención detenernos en las consideraciones en torno a si Martí es o no filósofo (como se concibe por la modernidad), lo cual es un tema ampliamente debatido 1 ; y tampoco buscamos detenernos en la especialidad del pensamiento político, sino ubicarlo en el debate contemporáneo en torno a los presupuestos del conocimiento como crítica de una episteme liberadora. De esta manera, aclarado el marco en que se moverá el análisis de la crítica martiana, el objetivo primero de las reflexiones aquí desarrolladas será ubicar al pensador José Martí en el terreno 1 Dictinio Díaz en su investigación sobre la recepción del pensamiento martiano, en aras del “problema fundamental de la filosofía”, deja varias sugerencias para estudios posteriores (2001: 301-310). Actualmente se destacan los aportes de Elena Rivas Toll, quien desarrolla un capítulo sobre las influencias de las diversas corrientes filosóficas en el pensamiento de Martí (2008) y de Dalia de Jesús Bencomo, quien analiza la concepción de identidad en José Martí desde la óptica de la filosofía (2010).

de lo que él mismo predicó: la necesidad urgente de “pensar con cabeza propia”. No obstante, el acto de pensar no significa encerrarse en una trinchera ontológica, cuya consecuencia es la negación que suprime al otro, sus formas de vida y que no acepta la distinción filosófico-cultural más que evidente de la raza humana, sino enfatizar una racionalidad que considere también la afectividad como expresión de la memoria y como elemento de lo político-económico en el intercambio entre los pueblos. Martí murió combatiendo las concepciones exclusivistas que trazan aún en nuestros días fronteras irreconciliables, mediadas solamente por la violencia e intereses particularmente hegemónicos, mientras que las formas de vida más radicales luchan por detenerlas al tiempo que construyen otro mundo posible. Luego, intentaremos contribuir con una interpretación de cómo José Martí, desde su vivencia misma, y hoy desde su obra escrita, puede todavía apuntar caminos que contribuyan con tal construcción. El eje teórico-metodológico se guiará por las reflexiones encontradas en dos importantes libros: El amor como energía revolucionaria en José Martí (2006), de la poeta y estudiosa de la obra martiana Fina García Marruz, y El aro y la trama: episteme, modernidad y pueblo (2008), del investigador social-popular Alejandro Moreno Olmedo. Son estos dos libros los que nos hacen centrar la contribución al debate, lapidando el trazado de su desarrollo, sin pretensiones de agotarlo en estas líneas. Así, los tendremos muy presentes en las reflexiones y en las citas que aquí utilizaremos, las cuales se unirán al propio

texto del Apóstol cubano donde, afirmamos, germina esa racionalidad por él nombrada “Filosofía de relación”, para empezar a desvendar, en nuestros términos, el significado de la episteme martiana y evidenciar la herencia que pudo haber dejado para las luchas de cambio profundo en nuestro continente desde “los pobres de la tierra”. Se pretende estimular la reflexión a partir de esa “filosofía” y tenerla en cuenta para la integración de las comprensiones y sentidos nacidos desde nuestras raíces, como parte del concierto humano que a cada día sufre las consecuencias de la uniformización cultural, moral, económica y ética, impulsadas por unas pocas realidades pretenciosamente superiores que se concentran para impedir nuestra autodeterminación, y que, copiadas ciegamente después de siglos de imposiciones, aparentan no dejar alternativas al proceso de la colonización. Echaremos mano de la hermenéutica, no como simple interpretación textual, sino para tratar de invocar la historicidad compleja de una vida que, pese haber vivido en una época y por ella ser influenciada, nos deja en sus textos fundadores los elementos vivos de su actuación política que tienen validez hoy día. De la biografía se tendrá claro lo apuntado por Moreno Olmedo: de lo que se trata es del sujeto como “apuesta epistemológica”. Episteme: una definición

En sus Apuntes y fragmentos sobre filosofía

(1878) 2 , escritos durante la estancia en Guatema2 Ver Martí, José. (1963-1973). Obras completas . 27 tomos. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales e Instituto Cubano del Libro. En adelante se citará esta edición como OC, indicando el tomo en números romanos y las páginas en arábigos.

la, Martí deja sentada su opción por Krause. Así la expresa: Leibnitz, Platonismo.– Europedistas, duda.– Kant. –Idealista platoniano. – Se dedicó a estudiar la elaboración del conocimiento. En él comienzan dos filosofías: la subjetiva, Fichte; la objetiva y pesimista, Schopenhauer: – Fichte estudia el hombre en sí, como sujeto de cuanto piensa, y se queda en él. Schelling ve al hombre análogo a lo que le rodea, y confunde el Sujeto y el Objeto. Hegel, el grande, los pone en relación y Krause, más grande, los estudia en el Sujeto, en el Objeto, y en la manera subjetiva individual a que la Relación lleva el sujeto que examina al objeto examinado. –Yo tuve gran placer cuando hallé en Krause esa filosofía intermedia, secreto de los dos extremos, que yo había pensado en llamar Filosofía de relación (OC, XIX: 367). Aun considerando el individuo en su tiempo histórico, admitiendo toda la influencia del predominio de la perspectiva cultural de la modernidad –que se puede percibir incluso por los términos utilizados como Sujeto, Objeto– la afirmación martiana en los apuntes nos revela la intención de una filosofía capaz de crear y transformar la realidad, y nos conduce a lo que queremos definir como episteme martiana, cuyo producto

Fina García Marruz. El amor como energía

revolucionaria en José Martí , 2003.

no es simple copia de sistemas de pensamiento ni tampoco posiciones que reduzcan la praxis a concepciones que razonan por exclusiones. El “yo” –Martí– que afirma haber tenido gran placer al hallar en Krause la filosofía que nombra “Filosofía de relación” es convertido en nuestra “apuesta epistemológica” 3 . Esta concepción de 3 “Mientras llevaba a cabo este trabajo (el de vivir/investigar en una comunidad popular de Caracas), resonaban constantemente en mis oídos, y me cuestionaban, tres afirmaciones de Ferrarotti en su obra: que la historia de vida ha de verse ‘como contracción auricular de lo social en lo individual, de lo nomotético en lo idiográfico’, que el método biográfico lleva inherente una ‘apuesta – scommessa – epistemológica’ y que ‘debemos llevar al corazón mismo del método biográfico los materiales primarios y su subjetividad explosiva’ (…) Pronto comprendí que, para Ferrarotti, la apuesta epistemológica no iba más allá de apostar por el sujeto singular (…). A mí se me plantea una apuesta epistemológica mucho más radical. Sumergirse en la vida total de una comunidad humana (…) genera vivencias y problemas sorprendentes y convulsionantes que obligan a replantearse desde la más profunda entraña lo que uno quizás había cuestionado en teoría y lo que nunca había pensado cuestionar” (Moreno, 2008: 16-17).

individuo es de aquella revelada por Ezequiel Martínez Estrada al afirmar que el destino personal de Martí es una prolongación del destino familiar, y éste lo es del destino nacional. Los antiguos mitos lo reconocían así. Toda la vida de Martí es epítome de la historia de Cuba; por eso su biografía puede ser leída hermenéuticamente, como mitologema, relato personal de una generación histórica (1967: 43). La “Filosofía de relación” martiana, cercana a la episteme de la relación 4 , tanto en su forma como en su sentido de concebir el mundo, demuestra su divergencia con la cosmovisión de la ciencia y el pensamiento eurocéntricos dominantes y productores de subjetividades coloniales, aun cuando en pleno fin del siglo XIX, época en que 4 “La relación en cuanto raíz matricial epistémica, no es un concepto y por lo mismo no se puede hablar de ella con palabras en lógica discursiva. Su lenguaje propio es el de la practicación, el mito y el símbolo. El concepto es la decantación post-hermenéutica del símbolo, pero pertenece a otro orden del conocer (…). De la relación como experiencia fundante del mundo de vida no se puede, pues, hablar en términos conceptuales, pero tampoco se puede dejar de hacerlo. Por eso mismo el decir ha de ser entendido, al mismo tiempo, como desdecir. Sólo el desdecir –por lo menos sobre-entendido– rasga el velo que fabrica el decir conceptual” (Moreno, 2008: 394). “Se trata aquí de plantear la relación misma como entidad primera, no como derivado” (Moreno, 2008: 396). “Ahora bien, cada persona es una relación singular y, en este sentido, en vez de individuo es mejor hablar de síngulo para señalar la distinción entre personas. La sigularidad de cada persona-relación la hace no diferente sino distinta, otra, con una otredad irreductible a la mismidad a la que son reducidos los individuos. […] La otredade surge de la relación . Mientras vive, la relación estará abierta a infinitas posibilidades, a una amplia multiplicidade de proyectos. Los distintos modos de ser-relación es lo que podemos llamar las relaciones: filiación, pareja, fraternidad, dominación, libertad…” (Moreno, 2008: 403). Para complementar esta compleja definición de episteme de la relación, ver la definición de episteme por el mismo autor citado al final del primer capítulo de este trabajo.

nuestra América vivía los influjos del liberalismo y del positivismo con extremada fuerza, empujadas por el creciente desarrollo económico que alcanzaban entonces los Estados Unidos, Martí apuntaba hacia soluciones que constituían retos para pensar nuestras realidades y necesidades. De esta suerte la obra martiana aparece como ejercicio de un pensamiento crítico-ético que no repite ni aplica una filosofía determinada porque él mismo es ejercicio vivo de filosofía; es momento fundacional de filosofía porque hace lo que siempre hizo, y lo que siempre hará, quien recrea la filosofía desde su circunstancia, a saber, pensar la realidad y responsabilizarse de ella. […] y que es por eso por lo que considero que el verdadero valor filosófico de Martí no está en averiguar qué pudo saber de esta o aquella escuela filosófica, sino en descubrir que su praxis de la filosofía contiene un momento fundacional para eso que hoy llamamos “filosofía latinoamericana” (Fornet-Betancourt, 1998: 101) Seguramente, para recrear la filosofía uno tiene que partir de las circunstancias de la vida misma, de la cotidianidad; sin embargo, lo que el filósofo cubano radicado en Alemania no explicita en el correr del texto es que, además de pensar la realidad y ser responsable por ella, la filosofía específica martiana tiene su fundamento en y desde la relación . Martí no solamente está buscando una Filosofía sino está creando Otra. Para nosotros, el “momento fundacional” de que habla la cita es justo aquel que parte de la rela-

ción como forma/contenido del saber que per-

mite reinterpretar las distintas escuelas filosóficas dándoles, de esta manera, utilidades que sean adecuadas al lugar de la interpretación, de las condiciones de posibilidad del conocimiento, porque no busca apenas “saber de esta o aquella escuela filosófica”; es, de otro modo, un relacionarse-con-desde . En el fondo de lo que llama “Filosofía de relación”, “esa filosofía intermedia”, es la crítica a toda filosofía que no sale de la frontera de sus extremos, es la que permite pensar fuera y más allá del marco, incluyendo la dialéctica moderna, de la episteme/filosofía ontológica de la dominación. Esta Otra filosofía está inscrita en el sentido del método analéctico 5 del filósofo de la Liberación Enrique Dussel al proponer la radicalidad del Otro distinto. Es interesante observar que el Apóstol llega a uti-

lizar el término relación para mencionar que así

lo hizo “Hegel, el grande”. Sin embargo, hemos de 5 “El método del que queremos hablar, el ana -léctico, va más allá, más arriba, viene desde un nivel más alto ( ana ) que el mero método dia -léctico. El método dia -léctico es el camino que la Totalidad realiza en ella misma: desde los entes al fundamento y desde el fundamento a los entes. De lo que se trata ahora es de un método (o del explícito dominio de las condiciones de posibilidad) que parte desde el Otro como libre, como un más allá del sistema de la Totalidad, que parte entonces desde su palabra, desde la revelación del Otro y que, confiando en su palabra, obra, trabaja, sirve, crea. El método dia -léctico es la expansión dominadora de la Totalidad desde sí : el pasaje de la potencia al acto de ‘lo Mismo’. El método ana-léctico es el pasaje al justo crecimiento de la Totalidad desde el Otro y para ‘servirle’ (al Otro) creativamente. El pasaje de la Totalidad a un nuevo momento de sí misma es siempre dia-léctica, pero tenía razón Feuerbach al decir que ‘la verdadera dialéctica’ (hay entonces una falsa) parte del diá-logo del otro y no del ‘pensador solitario consigo mismo’. La verdadera dia-léctica tiene un punto de apoyo ana-léctico (es un movimiento ana-dia-léctico ); mientras que la falsa, la dominadora e inmoral dialéctica, es simplemente un movimiento conquistador: dia-léctico” (1973, vol. II: 161).

percatarnos que no es el simple hecho de hacer la relación entre dos (¿o más?) filósofos, y por ello Krause es “más grande” que Hegel, sino estudiar la filosofía, el pensamiento y no el filósofo estricto, aunque conocer la biografía, para el Maestro, sea importante para conocer las filosofías y darles utilidad en la solución propia ante problemas propios. Martí aplica el conocer desde la relación original de su propia realidad para no perderse en las historias íntimas de aquellas realidades que no son nuestras. Recordemos su máxima en el ensayo Nuestra América de que “la historia de América, de los Incas a acá, ha de enseñarse al dedillo, aunque no se enseñe la de los arcontes de Grecia. Nuestra Grecia es preferible a la Grecia que no es nuestra. Nos es más necesaria” (Martí, 2010: 10). Luego, en términos epistemológicos, la opción por Krause no es simplemente la opción por su filosofía estricta. Lo que nos interesa aquí es el diseño que se establece cuando el Maestro explica la opción: “(…) Krause, más grande, los estudia en el Sujeto, en el Objeto, y en la manera subjetiva individual a que la Relación lleva el sujeto que examina al objeto examinado”. La forma que toma es el indicio de que piensa en relación porque no se detiene y critica en las demás filosofías encarnadas en los respectivos filósofos citados la posición de mantenerse en uno u otro extremo, aunque se les ponga en relación, pero esta relación –la dialéctica, en el caso hegeliano– no extrapola el conocer y deja como consecuencia la no aceptación de otros modos de ser-en-el-conocer. Queda evidente que la concepción y uso que hace el Maestro de Krause es resultado de su au-

toctonía y del modo de conocer a ella correspondiente. Por ello saca de esa, y de todas las otras doctrinas filosóficas, aquello que le sirva a su constructo ético radicado en la nacionalidad cubana y la pone ante el concierto de los pueblos. Al pensar en y desde la relación , Martí nos deja una apertura que, a lo largo de su obra y más allá del lenguaje, se convierte en el Otro –el indio, el negro, el mestizo, en fin el distinto–, que es el “nosotros” de nuestra América; es decir, todos aquellos con quienes compartimos los mismo “dolores infinitos”, aunque haga uso de términos característicos de la modernidad eurocéntrica.

En sus mismos Apuntes escribirá:

Hay, pues, en Filosofía sujeto que conoce, y que aislado 6 , produce la Filosofía subjetiva alemana: objeto conocible, que, aislado , produce la Filosofía naturalista moderna; –y medios de conocer.– Dedúcese que la Filosofía debe estudiar al hombre que observa, los medios con que observa y lo que observa: Filosofía interna, Filosofía externa y Filosofía de relación.– (OC, XIX: 362). En suma, Martí está pensando desde otra episteme, desde la episteme de la relación y por ello mismo puede proponer las relaciones entre las filosofías que están dentro de un mismo logos, es decir, aquellas que están o aisladas o extremadas, pero que reproducen su propio logos, no fuera y mucho menos abiertas a otras distintas. 6 Las cursivas son nuestras.

Vamos, en fin, a definir episteme 7 . Según More-

no Olmedo, “en positivo, episteme es un modo

general de conocer . Por modo no se entiende una forma o figura, una configuración o presentación, sino una condición , una clase o una

especie-de-ser-el-conocer, un habitus de su ser

concreto” (2008: 46-47). En esta línea de sentido, habitus es un haberse el conocimiento. Se ha de un modo. El modo y el haberse se implican en forma tal que no es posible distinguirlos. Son el

estar concreto en la realidad del conoci-

miento. Es general en cuanto in-forma, condiciona, todo el proceso de conocer y, por lo mismo, todos los actos de conocer y los conocimientos producidos en el seno de una cultura propia de toda una sociedad, o de un grupo humano de la misma, si dicha sociedad no está uniformemente constituida (p. 47). [...] Está en el origen productivo de los signos y los juegos de lenguaje. Así cada proposición y cada juego de lenguaje le pertenecen. De la episteme surgen determinados juegos de lenguaje y no otros. Es la condición de posibilidad de los lenguajes. La episteme no se piensa; se piensa en cambio en ella y desde ella. En cierto modo se es pensado por ella, en cuanto el pensamiento por ella está regido (Moreno, 2008: 47). Con el estudio del texto El Presidio Político en

Cuba , desde la perspectiva epistemológica/filo-

7 Esta definición es complementaria de la definición de episteme de la relación.

sófica aquí presentada, se pretende demostrar la existencia de los gérmenes de una “episteme de la relación”, es decir, que está ya plasmada en él el modo y la condición del pensamiento que todo ve y opera en relación, situación básica para “pensar con cabeza propia”. El Presidio Político en Cuba: la palabra siendo

la vida

En nuestra definición de episteme asumimos que el conocimiento nace y se desarrolla en el “estar concreto en la realidad del conocimiento”.

La realidad concreta expresada en el folleto El

Presidio Político en Cuba , publicado en Madrid

en 1871 en los inicios del destierro de Martí, es, en principio, la relación entre opresor y oprimido; entre sentimiento y pensamiento. En El Presidio … está el principio de sentido –más que la conciencia, pero no sin ella–, de vivir y pensar en esta episteme, que en la consecuencia histórica, razonada y/o sentida, se integra uniendo los distintos elementos con que se relaciona a cada experiencia nueva repensada desde la relación 8 . “Dolor infinito debía ser el único nombre de estas páginas” (OC, I: 45). Con esta frase arranca Martí la denuncia de los horrores del sistema 8 Aquí, como ejemplo de esta genealogía martiana, nos servimos del texto de Roberto Fernández Retamar, Martí y la revelación de Nuestra América , cuando plantea que en México conoció nuestra América y en Guatemala esta se le es revelada. Dirá que “(…) la primera maduración de la idea martiana de América, aunque preparada y adelantada en tierras de México –cuyas culturas aborígenes, cuya historia, cuya política, cuyos hombres le fueron decisivos–, más que en aquel país, vendría a hacerse realidad en Guatemala, a la que se dirige en 1877, y donde parece trazar un balance inicial de su conocimiento de nuestro continente, de su autoctonía: allí aparecen expresados por él conceptos que lo acompañarán hasta el final de sus días” (2006: 28).

colonial español. Es la expresión del sentimiento consciente. Pero, más allá de la denuncia, y junto con ella, El Presidio… expresa una ruptura. Del “dolor infinito” vivido en carne se “libera un espíritu” 9 , y llega a desarrollarse en una concepción de mundo que transforma toda filosofía heredada y crea un modelo nuevo de filosofar. El sentido que para su formación revolucionaria tiene esta etapa es doble: de una parte, emocionalmente queda vinculado de por vida a la gesta del 68, lo que dará una vibración humana auténtica a su tesis política de la continuidad de la lucha revolucionaria como eje de la nación; de otra parte, la experiencia del presidio le hizo conocer, sin paliativos ni disfraces, la injusticia básica e irremediable del sistema colonial, injusticia que en él, además, resonó hasta planos trascendentes. Diríase que esta experiencia del infierno histórico lo marcó al rojo vivo como a un esclavo de la libertad. Esa marca indeleble lo condujo a Dos Ríos (Vitier, 2010: 13). De ese vivido brota el saber, la episteme que todo ve y opera en relación; es descripción y análisis que resulta en la explicación y la forma que se reviste su transformadora y creativa opción por Krause; su, en fin, “Filosofía de relación”. Ahora, por esta episteme, se puede afirmar la superación del odio, una liberación. Diríase que 9 “Todo El Presidio Político en Cuba gira en torno al vencimiento del odio y a la trascendencia de la vida humana, no como ideas de evasión sino como raíces, en él, de la lucha anticolonialista. Allí, encadenado, descubre la libertad del espíritu, la sustancia del bien y el sentido del sufrimiento” (Vitier, 2006: 13).

Alejandro Moreno Olmedo. El aro y la trama.

Episteme, Modernidad y Pueblo , 2009.

es la relación que le da forma y contenido entre pensar y sentir en la experiencia de la concreta relación entre el opresor y los oprimidos. Pero no es superación extremadamente teórica del odio, sino tal comprensión teórica por lo vivido en el presidio lo anima políticamente, le da el terreno para la otra práctica, integrada también como pensar, para lograr la liberación, es decir, una complementariedad que evoca la relación de los sentimientos con la actividad militante liberadora a partir de la concientización surgida

en las llagas.

Dios existe, y si me hacéis alejar de aquí sin arrancar de vosotros la cobarde, la malaventurada indiferencia, dejadme que os desprecie, ya que no puedo odiar a nadie; dejadme que os compadezca en nombre de mi Dios.

Ni os odiaré, ni os maldeciré. Si yo odiara a alguien, me odiaría por ello a mí mismo. Si mi Dios maldijera, yo negaría por ello a mi Dios. (OC, I: 45) Aquí Martí se sabe en su Otredad, su ser distinto del opresor español. Fija de este modo el campo epistemológico de actuación al liberarse de los mecanismos de la colonización lato sensu . Cintio Vitier, comparando la postura de Martí con las de Frantz Fanon y Albert Memmi, afirma:

Martí, en cambio, no reacciona frente al

enemigo, sino que actúa frente y contra él

desde su libertad [desde su episteme], que

en principio puede redimir; de ahí su mayor eficacia ; es esto lo que le permite liberarse del odio, que es el signo de la verdadera colonia. Su planteamiento, radicalmente ético, parte de una autoctonía del ser 10 ; (…) un hombre libre, dentro de la esclavitud; por lo tanto, un auténtico libertador. La “autoctonía del ser” es la conciencia de su condición y esta le permite pensar/actuar liberto, en y desde la relación, que nos ofrece siempre una alternativa –ser distinto del colonizador español o no–, este otro lado que en las determinadas circunstancias históricas de esta relación, hasta hoy, borran de nuestros cuerpos colonizados tales memorias porque siempre envesadas, borran nuestros propios sentidos por obra del opresor-en-relación-con-nosotros, imposibilitándonos de sentir lo que se piensa y pensar lo que se siente o de 10 Ésta cursiva es nuestra.

pensar y sentir simultáneamente dadas las condiciones; es la alternativa, pero manteniendo a cada elección el ideal de lo propio intacto, que es lo que se conoce por la filosofía primera de la ética.

Fina García Marruz, en su excepcional ensayo El

amor como energía revolucionaria en José Mar-

tí , nos reta:

¿A qué recordar su oportuna distinción entre el idealismo filosófico, que profesaban los autonomistas hegelianos a lo Montoro, de su bien distinto y confesado idealismo, que era más bien un espiritualismo revolucionario? ¿A qué recordar que cuándo cree deseable y oportuna una conciliación entre materialismo e idealismo de ninguna manera está pensando en una conciliación teórica imposible sino en una conciliación a los fines de la acción práctica (“el espíritu de conciliación que norma todos los actos de mi vida” (Martí, XXVIII: 326), cuya vigencia, hoy reconocida, en los mismos medios de lucha revolucionaria, todavía sorprende? Pues sí es verdad que hay una parte del pensamiento martiano en que realmente puede apreciarse un notable desarrollo o variación, hay otros –como es el caso del tema de nuestro estudio– que permanecen inalterables, como podremos comprobar desde El presidio político hasta El Manifiesto de Montecristi, escrito dos meses antes de morir (Marruz, 2003: 13-15) Lo que para Marruz es el amor –el tema de su estudio–, para nosotros es la episteme y Filosofía

de relación “que permanece inalterables, como podemos comprobar desde El presidio político hasta El Manifiesto de Montecristi”. Y apartándose cada vez más de lo aislado, ocupando y demarcando el espacio por donde puede dar el giro liberador, relacionándose con su azotador y su lógica, afirma: “Odiar y vengarse cabe en un azotador de presidio; cabe en el jefe desventurado que le reprende con acritud si no azota con crueldad; pero no cabe en el alma joven de un presidiario cubano” (OC, I: 57). Pero más allá del que le oprime está Martí observando el comportamiento de aquellos que allí sufren, como él, los males que le demuestra que Cuba toda era un presidio, donde sólo los buenos padecían por serlo. Y elige definitivamente su bando entre los que ‘aman y fundan’, sobre los que ‘odian y destruyen’. “Ha asistido al intolerable martirio de un niño, al ensañamiento ejercido contra un anciano campesino de su patria. Ha visto a un negro esclavo idiotizado por el dolor. Ha visto a un joven que se suicida para no seguir padeciendo tormento. Él mismo es llaga viva y sangra más por dentro que por fuera…” (Marruz, 2003: 26). Y sigue la descripción y su posición, porque “la pluma escribe con sangre al escribir lo que yo vi; pero la verdad sangrienta es también verdad” (OC, I: 57): Nicolás del Castillo, el anciano “de cabellos canos y ropas manchadas de sangre tenía setenta y seis años”; Lino Figueredo, un niño de doce años, en fin, “Castillo, Lino Figueredo, Delgado, Juan de Dios Socarrás, Ramón Rodríguez Álvarez, el negrito Tomáz y tantos otros, son lágrimas negras que se han filtrado en mi corazón”

(OC, I: 69). Toma para sí desde la relación vivida, piensa en relación con todas las posibilidades humanas delante de situación semejante y asevera: “Presidio, Dios: ideas para mí tan cercanas como el inmenso sufrimiento y el eterno bien. Sufrir es quizás gozar. Sufrir es morir para la torpe vida por nosotros creada, y nacer para la vida de lo bueno, única vida verdadera” (OC, I: 54), dejándonos siempre la alternativa que flota en su episteme de relación sin pretensiones de supresión, antes de prevención y de juntura, de unidad de lo diverso, en las venturas y desventuras de la vida. Martí en presidio, 28 de agosto de 1870.

Conclusiones

Es ya rica la bibliografía que destaca el pasaje de José Martí por el presidio político en Cuba como marco de un giro político en su biografía y sus consecuencias. No obstante, el hecho mismo de esta experiencia del Maestro cubano, se quiere en este estudio develar que, junto a lo externo de las llagas, esas marcas indelebles le marcaron igualmente en el pensamiento, en su misma forma de saber e interpretar el mundo colonial de entonces y su desenlace posterior como proyección creadora calcada en la memoria y sentido de nuestros pueblos. Su sentido y lo reflejado de la experiencia abre el camino que lleva hacia una ruptura epistemológica, entendida esta en el sentido expuesto por el investigador social Alejandro Moreno Olmedo. Pero esa episteme martiana, cuya denominación es, en nuestro trabajo y en términos de racionalidad, sinónimo de lo que el propio Apóstol de nuestra América llamó “Filosofía de relación”, no es necesariamente un saber construido para hacer frente a la dominación de que somos víctimas hasta el día de hoy. Es, antes, una experiencia, para en seguida servirnos de saber y conocimiento alternativos al enfrentamiento, porque relacionado, a la filosofía y la cultura hegemónicas practicantes de la dominación histórica que nos ha tocado hace más de 500 años. La interpretación de un pensador de la altura de José Martí, que parte de su propia realidad como contenido de su pensamiento y lo demuestra universal, no es tarea sencilla, sin embargo necesaria,

y nuestra colaboración es el resultado del análisis de un pensamiento que siempre valdrá la pena revisitar para evitar estancarlo en dogmas estériles y darle utilidad adecuada, especialmente cuando se tiene el compromiso con el legado de su genio creador, y con su profunda obra ética, de esencia propia y por ende antiimperialista y anticolonialista. En este sentido, vale recordar nuevamente a Fina García Marruz cuando afirma que “es lo cierto que a partir de esta experiencia [la del presidio] nos encontramos un cúmulo creciente de textos posteriores en los que reitera de mil modos y en forma casi obsesiva la peligrosidad de acceder al odio, de llevar a la guerra los elementos que la desataron (…), y que esta insistencia en el tema recorra sus discursos revolucionarios, sus artículos da Patria, hasta hallar su plena manifestación en el Manifiesto de Montecristi y en las Circulares de guerra escritas ya en pleno campo de batalla” (2003: 18). De lo concreto de la vida arranca la actividad revolucionaria incansable del cubano, pues había entendido que luchar era la única forma de mantener las condiciones para hacer seguir la patria viva. Así, es de un tipo de pensamiento que todo ve y opera en relación –en este caso primero una relación entre opresor y oprimido; entre sentimiento y pensamiento, para después complejizar la relación entre los hombres desde sí como naturaleza y cosmos–, condición básica para “pensar con cabeza propia” y así lograr “desatar la América

y desuncir al hombre”, es decir, para poner a América en el lugar que le toca en el concierto mundial y liberar a la humanidad de todo odio que es causa de las injusticias cometidas históricamente, adonde no tendrá lugar las escisiones abstractas entre “razas” o entre “civilización y barbarie”.

Bibliografía

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